Zeinab
suele impresionarse y conmoverse por igual ante la exuberancia de nuestras
riquezas naturales, como frente a la maraña de insólitas vicisitudes entre las
que solemos desenvolvernos los venezolanos en general, y los caraqueños en particular.
Más aún, ante una nube, una bolsa, una montaña, una sandalia, una hormiga, un
juguete, una gota, un paraguas, un pájaro, un buhonero, etc., su actitud vital
es asombrarse: condición estratégica imprescindible de quien, como ella, ha
asumido hasta las últimas consecuencias la vocación de artista.
Pero
también, ella es consciente de que el arte trasciende la primera impresión, al
poseer un contenido que debe ser captado. Sabe que no basta con admirar y
registrar sin más la pugna entre nosotros y las maravillas naturales de esta
“Tierra de Gracia” que nos acoge, sin que seamos responsables de su existencia,
pues en realidad, la belleza natural es independiente de la voluntad humana,
externa al pensamiento, allende nuestros juicios, y su manifestación no
presupone concepto alguno de lo que debería ser; mientras que en arte, la
belleza es interna a la obra (1), producto del intelecto: a diferencia del
cielo, las aceras, los vehículos o las flores, las obras artísticas implican un
pretexto para el juicio reflexivo y no una simple representación de “la
realidad” que protagonizamos. Por ello, ante el estimulo, Zeinab reacciona,
asume una postura, opina, actúa e interviene con aguda intuición, vinculando
con audacia los motivos que le atraen, mediante asociaciones cuyos resultados
evidencian las sutilezas de su sensibilidad. Así, el objeto percibido
estéticamente es cualitativamente diferente de la cosa detectada objetualmente.
Revisando
su trabajo, hemos visto cómo muchos aspectos y situaciones de la calle han
devenido en objetos artísticos, mediante una respuesta subjetiva y psíquica
profundamente personal, que suele mostrárnosla manipulando lo existente para
darle otra forma y significado: La
realidad no es sorprendente, sino que hay un momento en que nos lo parece
(2), precisamente gracias a la intervención artística.
Respecto a lo que insiste en afianzar como hilo conductor de su investigación, al tenaz esfuerzo por conjugar belleza y crítica se une su capacidad para concebir ideas que transmutan lo prosaico. Porque no hay un más allá de la realidad ni una estética que no emerja en primera instancia de lo cotidiano, para ella, sumergirse en lo habitual implica dejarse atraer, mirar lo que nos rodea como motivo permanente para suscitar la chispa de algo hermoso, como reto para identificar la belleza posible (y necesaria) en aquello que, muchas veces reconocido con indignación, hemos devenido. Además, su condición binacional le otorga la ventaja de negociar con nuestra cotidianidad con proximidad y lejanía; y también es muy interesante comprobar que haya logrado filtrar lo público como algo íntimo.
Respecto a lo que insiste en afianzar como hilo conductor de su investigación, al tenaz esfuerzo por conjugar belleza y crítica se une su capacidad para concebir ideas que transmutan lo prosaico. Porque no hay un más allá de la realidad ni una estética que no emerja en primera instancia de lo cotidiano, para ella, sumergirse en lo habitual implica dejarse atraer, mirar lo que nos rodea como motivo permanente para suscitar la chispa de algo hermoso, como reto para identificar la belleza posible (y necesaria) en aquello que, muchas veces reconocido con indignación, hemos devenido. Además, su condición binacional le otorga la ventaja de negociar con nuestra cotidianidad con proximidad y lejanía; y también es muy interesante comprobar que haya logrado filtrar lo público como algo íntimo.
Sensibles
y racionales, poéticas y políticas, las cualidades estéticas de los trabajos
agrupados en esta muestra son inseparables de su contenido reflexivo.
Apreciamos estas obras, conscientes de que su belleza no es un fin, sino sólo
el señuelo empleado por Zeinab para atraernos e invitarnos a mirar más allá; y
nos sorprenden por su capacidad para surgir y, a la vez, ocupar un lugar propio
junto a lo habitual: Ante la sacralidad
de la vida y del ser humano, ante las maravillas del universo (pero también
de lo más familiar, cotidiano e incluso banal de nuestro entorno), la única actitud apropiada es el asombro
(3).
Para
Zeinab, el arte y la vida no son lo mismo, pero lucha por convertirlos en algo
unitario dentro de ella.
Raul
Rojas Rosas
Caracas, Abril
de 2016
1 Arthur C. Danto, El abuso de la
belleza. La estética y el concepto de arte. Paidós Estética, 2005, p. 106
2 Gabriel Orozco, Conferencia, en Texto sobre la obra de Gabriel Orozco, Coedición CONACULTA/Turner, 2005, p. 186
2 Gabriel Orozco, Conferencia, en Texto sobre la obra de Gabriel Orozco, Coedición CONACULTA/Turner, 2005, p. 186
3 Juan Pablo II, Carta del Santo
Padre Juan Pablo II a los artistas, en: